martes, 26 de marzo de 2013

"Christine"- Dijo en tono dulce la perpleja voz.
Michael Stein. Reconocí su timbre de barítono antes incluso de darme la vuelta. Era una voz que, siete años antes, me había cantado canciones de amor, había susurrado sentimientos dignos de clasificación X a mi ávido oído... y había arrojado una granada de mano a mi corazón.
Sabía que tendría que toparme con él tarde o temprano, pero esperaba que fuera más tarde. Aún no tenía preparado un discurso, aunque había ensayado como mínimo unas doce versiones diferentes durante el viaje interminable por la interestatal que cruza Texas. Ninguna de ellas decía con exactitud lo que tanto deseaba comunicar, a saber, que ningún hombre me había lastimado del modo que él lo había hecho y que no había sido capaz de querer a nadie desde el día que él decidió interrumpir el suministro energético a nuestra relación.
 
Aquel día le había visto marcharse en su coche desde mi ventana y tuve que morder las cortinas para no ponerme a suplicar que volviera. Quería que se sintiera culpable por no haber sido capaz de comprometerse conmigo, pero no tan culpable como para excluir la posibilidad de volver a verme.
 
-Michael- Sonreí, intentando dar la impresión, en la medida de lo posible, de ser alguien que había superado el dolor y que había reanudado su vida. Empujé el pie contra la silla que había a mi lado para apartarla de la mesa.
 
-Siéntate, por favor- indiqué, con un tono estudiado que esperaba sonara maduro y seductor.
Pareció aliviado de encontrar cierta afabilidad. Supongo que se temía las dagas verbales que le lanzaba en el pasado, pero siete años son un montón de años y quise demostrarle lo mucho que había mejorado en todo este tiempo. Además, no quería que él se percatara de cuánto sufría todavía al mirar esos transparentes ojos azules suyos, que aún podían hipnotizarme con una sola mirada...."
 
 
 
Preciooooso fragmento que he extraído del libro: Dios Vuelve en una Harley

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